Patrimonio por José Luis Hoyas Diez

@jl_hoyas

Desde Valladolid (España), saludos a los amigos y oyentes de Habemus y especialmente a Bahía Blanca y Argentina.


Me pide Christian (a quien agradezco enormemente la oportunidad de encontrarme con
ustedes), que defina “Patrimonio” y que, además, trate de vincularsu correlacióncon los
museos. Y se queda tan tranquilo el tío, como si no pidiera nada.
Igual que acudimos al diccionario para encontrar la definición de ciertas palabras, a veces es conveniente contar con un punto de partida que guíe el camino a transitar. La mayoría de las definiciones sobre patrimonio cultural, al menos en mi entorno inmediato, son bastante
similares. Pero me gustaría señalarles la definición con la que trabajo habitualmente; la que ofrece la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León, de 2002. Dice así:

“Integran el Patrimonio Cultural de Castilla y León los bienes muebles e inmuebles de interés artístico, histórico, arquitectónico, paleontológico, arqueológico, etnológico, científico o técnico. También forman parte del mismo el patrimonio documental, bibliográfico y lingüístico, así como las actividades y el patrimonio inmaterial de la cultura popular y tradicional”.


Esta definición tan precisa, nos remite a un concepto patrimonial que surge de la creación, más o menos consciente, de individuos en el marco de las relaciones que se establecenen los grupos humanos. No obstante, para definirlo bien, sería lógico preguntar a cada uno cuál es su idea patrimonial, cómo interpreta el patrimonio desde su propia sensibilidad. Pero aquí está el problema; la falta de acuerdo nos obliga a contar con modelos y normas descarnados que definan convencionalmente el patrimonio y ahí es, en ese planteamiento, donde suelen tropezar las comunidades, del mismo modo que chocan para definir la cultura o la tradición. El resultado es que para afirmar su identidad acuden, con demasiada frecuencia, a la pasión más que a la razón y se aferran a un edificio simbólico que reafirma la exclusividad, en lugar de la integración. O lo que es lo mismo, a veces el patrimonio se usa más para separar que para unir.


Por eso, la definición que he citado a mí me resulta insuficiente, pues me parece que
solamente informa de los bienes que queremos proteger. Esa definición académica no me
habla de identidades (aquello que me une o me distingue de otros para identificarme, no para aislarme); no me habla de legados (lo que mis antepasados han conservado por creerlo importante y que yo,a través del compromiso social, debo transmitir); no me comunica
emociones (qué siento al verlo, al explicarlo, al compartirlo, o cuando participo en su
protección); no me habla de crecimiento (como persona y sociedad, tratando de ser mejores a partir de enseñanzas pasadas), ni de participación (trabajando en una sociedad que construye unida); no me habla tampoco de bienestar (del disfrute de la belleza, o incluso del sosiego, que produce su contemplación); no me establece objetivos (la empresa universal de proteger y defender el patrimonio); ni tampoco me expone las conexiones humanas que puedo forjar (entre las cuales se encontraría la de que en este preciso momento, y desde una geografía remota, yo pueda transmitirles un mensaje comprensible, en un lenguaje común, y que se nos permitaentablar un debate mutuamente beneficioso).


Aunque también podría tratar de definir el patrimonio por exclusión, manifestando lo que no creo que debaser. No entiendola corriente actual de considerarlo un bien de consumo, porque convertirlo en mercancía lo hace vulnerable; no lo veo como un mero recurso turístico, porque pliega sus propias necesidades a las del voraz visitante y puede convertirlas en penurias; ni lo imagino como un simple motor de desarrollo económico, porque supone concederle una responsabilidad que no le corresponde; y ni mucho menos lo concibo como un sagrario del nacionalismo y de la exclusión. Todos ellos son papeles ciertos, que no podemos ignorar, pero cuya dimensión debe ser evaluada para que se convierta en facilitadora de vivencias, encanal de circulación de ideas y conocimiento, o en motor de transformación social.


Ya acabo. No piensen que olvidé a los museos. No podría. Y para no entrar en la trampa de definirlos, que es también unaquimera, voy a decirles cómo es el museo que necesito: será aquel que me permita custodiar, transmitir y construir el patrimonio de la manera con las cualidades que les he contado. Y para ello habrá de ser participativo y comunitario, que aliente el pensamiento crítico, que seadiverso y solidario, así como libre, tolerante e independiente, respetuosoy empático, transparente y, por tanto, fuerte…Y sobre todo, que no sea neutral.


¡Salud!

José Luis Hoyas Díez es Licenciado en Arqueología y Prehistoria por la Universidad de
Valladolid. Desde 1995 pertenece al Cuerpo de Conservadores de Museos de la Junta de
Castilla y León (España). En la actualidad presta servicio en la Dirección General de Políticas Culturales de la Consejería de Cultura y Turismo.

Publicado por Christian Díaz

Padre, Comunicador de museos, Nadador, Gestor cultural. Director de 2 Museos, Coordinador de Habemus.

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